El espiritismo nos orienta sobre la acción benéfica de las oraciones para los enfermos, ante las diferentes enfermedades que sufrimos, las cuales son parte de las pruebas y de las vicisitudes terrestres; e inherentes a lo grosero de nuestra naturaleza material y a la inferioridad del mundo que habitamos.

Para que la diga el enfermo

Por el enfermo

Para un agonizante

Las pasiones y los excesos de todas clases siembran en nosotros gérmenes malsanos, muchas veces hereditarios.

En mundos más avanzados física y moralmente, el organismo humano, más purificado y menos material, no está sujeto a las mismas dolencias, y el cuerpo no está minado sordamente por los estragos de las pasiones.

Es menester, pues, resignarse a sufrir las consecuencias del centro en que nos coloca nuestra inferioridad, hasta que hayamos merecido cambiarlo.

Entretanto no debe esto impedirnos hacer lo que dependa de nosotros para mejorar nuestra posición actual y las oraciones para los enfermos es una práctica beneficiosa, tanto para nosotros, cómo para los demás.

Si a pesar de nuestros esfuerzos no podemos conseguirlo, el Espiritismo nos enseña a soportar con resignación nuestros males pasajeros.

Si Dios no hubiese querido que los sufrimientos corporales fueran disipados o aliviados en ciertos casos, no hubiese puesto medios curativos a nuestra disposición; su previsora solicitud, con respecto a esto, acorde con el instinto de conservación, indica que está en nuestro deber el buscarlos y aplicarlos.

Al lado de la medicación ordinaria elaborada por la ciencia, el magnetismo nos ha hecho conocer el poder de la oración fluídica; después el Espiritismo ha venido a revelarnos otra fuerza en la “mediúmnidad curativa” y la influencia de la oración.

ORACIONES PARA LOS ENFERMOS

Para que la diga el enfermo.

Señor, vos sois la suma justicia; la enfermedad que habéis querido enviarme debo merecerla, porque vos jamás afligís sin causa.
Para mi curación me someto a vuestra infinita misericordia; si os place volverme la salud, que vuestro santo nombre sea bendito; si por el contrario debo sufrir aún, que así mismo sea bendito; me someto sin murmurar a vuestros divinos decretos, porque todo lo que haréis no puede tener otro objeto que el bien de vuestras criaturas.
Haced, Dios mío, que esta enfermedad sea para mí un aviso saludable y me haga poner sobre mí mismo; la acepto como una expiación del pasado y como una prueba para mi fe y sumisión a vuestra santa voluntad.

ORACION PARA LOS ENFERMOS

Por el enfermo.

– Dios mío, vuestras miras son impenetrables y en vuestra sabiduría habréis creído deber afligir a N… con la enfermedad. Os suplico echéis una mirada de compasión sobre sus sufrimientos y os dignéis ponerles un término.
Espíritus buenos, ministros del Todopoderoso, os ruego que secundéis mi deseo de aliviarle; haced que mi oración vaya a derramar un bálsamo saludable en su cuerpo y el consuelo en su alma.
Inspiradle la paciencia y la sumisión a la voluntad de Dios, dadle fuerza para sobrellevar sus dolores con resignación cristiana a fin de que no pierda el fruto de esta prueba.

PARA UN AGONIZANTE

Prefacio. La agonía es el preludio de la separación del alma y del cuerpo; se puede decir que en este momento el hombre sólo tiene un pie en este mundo y el otro fuera de él.
Este tránsito es algunas veces penoso para los que están muy ligados a la materia y han vivido más para los bienes de este mundo que para los del otro, o cuya conciencia está agitada por los pesares y remordimientos: en aquellos, por el contrario, cuyos pensamientos se han elevado hacia el infinito y se han desprendido de la materia, los lazos se desatan con más facilidad, y los últimos momentos nada tienen de doloroso; el alma está entonces unida al cuerpo por un hilo, mientras que en la otra posición está unida a él por profundas raíces.

De todos modos, así como las oraciones para los enfermos les benefician y los animan, la oración para los agonizantes ejerce una acción poderosa en el trabajo de la separación.

Oración para un agonizante

Dios Todopoderoso y misericordioso, aquí tenéis un alma que deja su envoltura terrestre para volver al mundo de los espíritus, su verdadera patria; que pueda entrar allí en paz, y que vuestra misericordia se extienda sobre ella.
Espíritus buenos que la habéis acompañado en la Tierra, no la abandonéis en este momento supremo; dadle fuerza para soportar los últimos sufrimientos que debe padecer en la tierra para su adelantamiento futuro; inspiradle para que consagre al arrepentimiento de sus faltas los últimos destellos de inteligencia que le restan o que pueden volverle momentáneamente.
Dirigid mi pensamiento a fin de que su acción haga menos penosa la separación, y que lleve en su alma, en el momento de dejar la Tierra, los consuelos de la esperanza.